Ha sido una verdadera lástima no haber podido contar con Barahúnda
el completo. Con esa abundancia sonora de envolventes percusiones
y armonías repletas de enriquecedores matices. Pero a veces, prevalecen
las cuestiones presupuestarias y obligan a un formato más reducido;
aunque no por ello, necesariamente se pierda identidad y se merme
el interés de un trabajo realizado no se si con más precisión o
estima.
Si por una parte no contamos con la totalidad del proyecto, en cambió
sí gozamos de su estructura primordial. Una música que sabe acariciar
cada uno de los detalles de una de las voces más bellas y seductoras
que haya oído en los últimos tiempos. Y es que Helena de Alfonso,
se encuentra en esa intersección entre la belleza y la exquisitez
vocal. Algo que precisamente quedó subrayado y destacado al presentarse
tan sólo acompañada de Daniel Romo a las guitarras y Jaime Villar
al oboe.
Con una Jarcha mozárabe del siglo XI, y a capela, se iniciaba una
velada intimista, llena de belleza, para pasearse con minuciosa
elegancia y limpieza absoluta por su trabajo más reciente, “Una
hora en la ventana”, recobrando a la vez, algunas de las canciones
de su anterior “Al sol de la hierba”. Un recorrido por toda esa
herencia musical que, a través de los siglos, ha ido dejando sus
posos de tres culturas, cristiana, sefardí y arábiga, entremezclándose
en perfecta ortodoxia en la cultura hispánica.
Música antigua y medieval, de raíz, que nutre también sus propias
autorías. Un repaso geográficamente amplio que desde Huelva nos
arrastra hasta la cultura galaico-portuguesa pasando por tierra
zamoranas. Canciones tradicionales que beben también del romancero
anónimo, con nuevos arreglos y que no esquivan el más actual de
los compromisos, como “El sueño”, que reivindica con el canto, pero
sin palabra, el derecho a hablar de todas la mujeres. |